Y esa noche
comenzó a plantearse su existencia.
Necesitaba alguna seguridad,
fijar un norte hacia dónde dirigir su vida,
al menos a modo de borrador.
Sabía
que no podía controlarlo todo,
y eso la asustaba.
Especie de parálisis
frente a la contingencia del mundo.
Sus pupilas dilatadas,
fijos los ojos en algún punto de esa habitación a veces hermética,
cuyo aire viciado dificultaba su respiración.
Bloqueo mental, producto de sus vicios, de sus
excesos.
Allí se encontraba, aquella
a la que muchos creían virtuosa,
Esclava de sus impulsos,
de sus pasiones,
de la ansiedad…
Esa promesa se resquebrajaba
en mil pedazos.
El cielo obscuro
anunciaba tormentas por tiempo indeterminado.
El sol, cada tanto,
tímidamente asomaría sus rayos.
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