martes, 27 de marzo de 2012

Estar

Es gracioso…
Es como simpático…
volver de la facultad,
tarde,
por la noche,
y echar la cabeza pa’ tras,
mirar el cielo
estrellado,
INFINITO.
Sentir que soy un punto en el UNIVERSO,
una miguita en medio de tanta inmensidad,
que vuelve a casa
luego de su clase de filosofía.
Una miguita que estudia filosofía,
mientras otras miguitas,
al mismo tiempo y
simultáneamente,
hacen otras cosas,
pero básicamente lo
mismo.
Y las muy creídas se mandan la parte,
todas se piensan Baguette!
Oooh, secuelas de mí último trabajo…
Miro al cielo,
siento tranquilidad
y sonrío,
cómplice de la divinidad,
si es que aún queda algo de ella dando vueltas por ahí.
Cuando era chica me producía mucho miedo mirar al cielo por
las noches.
Lo miraba fijamente, como buscando ALGO en él,
lo penetraba con mis pensamientos
Inevitablemente pensaba
en Dios, luego LA MUERTE…
Corría desesperadamente a los brazos de mi PAPÁ,
lagrimeando,
lo abrazaba fuerte y le decía:
“no quiero que te
mueras papi”.
Yo no sé qué pensaba mi papá… por ese entonces él era joven.
En navidad y año nuevo también miraba mucho al cielo,
por los cuetes, viste?
Se hacían las 12,
TODOS levantaban sus copas
y comenzaba el
festival de abrazos, besos y cañitas voladoras.

Y YO
lloraba,
pero de emoción no de miedo…
mi mamá pensaba que le tenía miedo a las explosiones.
Nunca desmentí esa versión…por vergüenza, viste?

El plato de polenta también me hacía llorar,
me parecía una
versión mal lograda del puré.
¡WAKALA!
Y si no me la comía ,
¡pobre si no me lo comía!
Las probabilidades de salir a jugar a la calle disminuían
considerablemente.
Era difícil remontar
esos días.

Y el polerón rojo furioso me daba miedo,
salía a escena los días de mucho frío y lluvia.
Tenía olor a naftalina,
el cuello era muy apretado y la lana muy gruesa.
Picaba.
Ponérmelo
era como atravesar un espacio subterráneo,
como entrar en una mina,
con el aire escaso y viciado…
por eso nunca entré en una mina,
ni me animé a ser
prisionera
por más de 5 minutos
en el tubo de desagüe que estaba en mi jardín de infantes,
y que nosotros,
NIÑOS DE 4 AÑOS,
habíamos despojado de
su función original
para convertirlo
en la nave de los
malos que luchaban contra los heroicos

POWER RANGERS.
Mmmm, naftalina…
es el olor de los secretos, el olor a “guardado”…
mi olfato infantil siempre gustó de la naftalina.
Su aroma
supo guiar mi curiosidad en las horas de la siesta
- de los adultos, por supuesto-,
y el olorcito del humo proveniente del espiral espanta
mosquitos..
el olor del verano!
Y el SOL.
El sol que nos daba de lleno,
a VIVI y a mí,
mientras celebrábamos un banquete,
en el recreo.
JUGO DE NARANJA
que nuestras MADRES nos preparaban
y unos PANES TOSTADOS , CON MANTECA O QUESO.
Todo
era más rico en ese lugar
cuyo acceso estaba prohibido por no estar a la vista de las
maestras.
El lugar donde los
chicos guardaban sus bicicletas.
Hoy miro al
cielo, y sonrío
siento paz
y recuerdo.

domingo, 18 de marzo de 2012

Amenaza de bomba en Puan

15:00hs, facultad de Filosofía y Letras, 2do piso, aula 23...y
pico, vacía. Me siento al lado del ventanal, almuerzo...miro por la
ventana. Empiezo a leer...llega el sueño, pero sigo mirando a través de la
ventana. Se escuchan voces que vienen del pasillo..lo mismo de siempre.
Vuelvo a la lectura..16:30 pm. Sueño, mucho sueño...abren la puerta, alguien
entra: eran dos, uno de cuatro patas y el otro bípedo implume..un labrador
y un policía. "Acá hay una nena", le dice a otro. Primer
pensamiento (considerando que "estoy en Puan" y al Labrador): están
buscando drogas..mmm, no no. "¿Amenaza de bomba?", pregunto. El
policía asiente con la cabeza, el perro me mira, nos miramos y le
sonrío. Guardo mis cosas, y salgo al pasillo..ni un civil. En el primer piso me
encuentro con más personal de explosivos, me miran..(el perro
también).."Qué, no te avisaron?", preguntan. "No, la alarma no
sonó"...Llego a la planta baja, y me encuentro con con el personal de
limpieza, encargados y algún que otro vendedor..no eran más de 15 personas. Los
miro, me mirán: "EH!otra TARADA!!!!"...me limito a desafiarlos con la
mirado, prefiero no contestar. Me dirijo a la salida. Se encontraba cerrada. Se
acerca uno de los encargados, irritado me dice: ¿No escuchaste la alarma? ¿Por qué
no saliste?!. "La alarma no sonó!". Con aires de superioridad y dando
a entender que mi presencia en el lugar era producto de una deliberación,
vocifera:"mirá si explotaba, que te iba a pasar!"..."Lo mismo que a
todos ustedes que están acá dentro!!!!"PELOTUDOOOOO!!!!
Salgo. La multidud esperando afuera, en las veredas, en la calle... la
evacuación se produjo a las 15:30, y el personal de explosivos llegó aproximadamente
a las 16:30 hs, según se decía.
Desenlace: como usualmente sucede, la bomba nunca apareció.

Duda Eterna

Y esa noche
comenzó a plantearse su existencia.
Necesitaba alguna seguridad,
fijar un norte hacia dónde dirigir su vida,
al menos a modo de borrador.

Sabía

que no podía controlarlo todo,
y eso la asustaba.
Especie de parálisis

frente a la contingencia del mundo.
Sus pupilas dilatadas,

fijos los ojos en algún punto de esa habitación a veces hermética,
cuyo aire viciado dificultaba su respiración.
Bloqueo mental, producto de sus vicios, de sus
excesos.

Allí se encontraba, aquella
a la que muchos creían virtuosa,
Esclava de sus impulsos,

de sus pasiones,
de la ansiedad…
Esa promesa se resquebrajaba
en mil pedazos.

El cielo obscuro

anunciaba tormentas por tiempo indeterminado.
El sol, cada tanto,
tímidamente asomaría sus rayos.

Éramos muchos y ninguno al mismo tiempo

Éramos muchos y ninguno al mismo tiempo.
Obvia imposibilidad.
En la penumbra de la noche me dijiste:
"¿Qué te pasó?, sos otra persona... pasaste del cielo a la tierra.";
"Nada", te respondí de mala gana, "Sólo quiero dormir un
poco".
Voz carente de verdad, falacia abismal
en cuya realidad decansa el deseo profundo de disimular el ardor interno
producido por el volcán de ira que esa noche me invadía...Volcán cuyo fuego
aniquilaba toda posibildad de un abrazo en mitad de la noche, de una risa
amistosa, de un beso inocente, huella de tus labios.
Aquella noche de enero nos encontrábamos
a miles de kilómetros de distancia. Creo que regresaste a Las sierras; sin embargo
tu cuerpo descanzaba a mi lado y el calor que augura el verano nos abrumaba a
los dos por igual.
Y la noche avanzaba, y la claridad de la
luna nos acosaba escabulléndose por las rendijas del postigón.
Pude ver tu cuerpo incinerándose tras el
avance de la lava que vomitaba mi volcán.
Pero vos también me quemaste... Hace
tiempo lo hiciste y hoy una vez más.
Dejame decirte que vos también sos
muchos y ninguno al mismo tiempo.
Me dejo llevar por el cosquilleo del
sueño en mis ojos. Logro descansar, pues tengo la certeza de que en uno de
estos días, no sé exactamente cuándo, vendrá a visitarme tu mejor personaje,
ese que yo quiero tanto.